Posteado por: pablo | Enero 3, 2009

Muerte para dar vida: ¿el lenguaje de Dios para el Hombre?

 

 ”De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto”.

Juan 12:24.

 

Muchas veces las cosas que hace Dios parecen incomprensibles o que no tienen sentido. Pero si damos una mirada detenida a Las Escrituras es sorprendente como el sufrimiento y, más en concreto, la muerte misma están presente a lo largo de todas ellas para determinar el propósito de Dios hacía el Hombre.

El sacrificio animal del Antiguo Pacto para expiación de los pecados del pueblo; la muerte de toda una generación incrédula en el desierto para que floreciera una nueva; y el más grande gesto de amor, el sacrificio de Jesús mismo para darnos nueva vida, son solo algunos de ellos.

Pero no solo hay ejemplos bíblicos de “muerte para dar vida”. Las semillas “mueren” antes de nacer para dar fruto (Juan 12:24); en el universo, cuando una estrella “muere” se transforma en la materia prima para que miles de nuevas nazcan; algunas especies de peces (salmones) al morir darán la semilla necesaria para que toda una nueva generación aparezca.

Y, en la vida en general, ¿no conoce a nadie que a partir de “la muerte de alguien” cambió por completo? Quizás usted mismo es uno de esos, sino, aquí encontrará algunos hermosos testimonios de vida.

Antes de continuar aclaramos que  “morir” no necesariamente implica perecer en el sentido natural y dejar de existir. En el contexto bíblico “morir” se refiere a renunciar a nuestra carnalidad, al viejo hombre que tenía un corazón de piedra, a aquella naturaleza que se movía en pecado y se regía por las leyes naturales. Y esa renuncia, o muerte, tal como una natural, es muy muy muy dolorosa. En el presente artículo, hablaremos de ambas muertes pero como una sola: aquella que, indistinto como se produzca, da vida y vida en abundancia.

 

Las pieles de Adán y Eva.

Génesis 3:21 dice que Dios cubrió con pieles a Adán y Eva después que pecaron.

¿De donde sacó Dios esas pieles?, ¿habrá tenido un “closet celestial” al cual recurrir? Lo que voy a decir no está escrito en La Biblia, pero tengo toda la impresión que fue así. Dios realizó el primer sacrificio animal (derramó sangre) para cubrir el pecado del hombre. El sacrificio de aquel animal a través del derramamiento de su sangre, permitió la vida del hombre. De allí hasta la venida de Jesús, el sacrificio animal fue necesario para expiar el pecado del pueblo y poder acercarnos a Dios.

 

La caminata de Abraham.

 

¿Alguna vez se ha imaginado en qué iba pensando Abraham cuando iba caminando para sacrificar a Isaac?

Tanta espera, tantos sueños proyectados en el muchacho que se acabarían de un golpe. Toda la promesa de una nación se derramaría antes sus ojos y la espera, sacrificios y privaciones de años se desvanecerían.

A la caminata de Abraham le llamo “la caminata de la muerte”, pues pienso que en cada paso un pedazo de la vida de Abraham desaparecía. En cada paso una imagen de ese sueño se volvía borrosa, era como si en cada paso una estrella del cielo se apagara y la nación grande y numerosa se oscurecía como noche sin luna ni estrellas.

Cuando Abraham llegó al lugar del sacrificio  y ató a su hijo para sacrificarlo ya no quedaba nada de él. Todas sus luchas y dudas habían quedado en el camino. A pesar de la angustia extrema, Dios había vencido (Jer. 20:7-9) y SU voluntad sería hecha aunque eso causara un dolor irrecuperable. Abraham había muerto.

La vida que Abraham engendró fue una acorde a su muerte: heredó una nación grande y numerosa la cual Dios tomó por pueblo. 

 

¡Es una supernova!

 

Las estrellas, como el sol, viven, en promedio, uno 10.000 millones de años (depende de su masa inicial). No todas las estrellas son iguales, mas, en general viven el mismo proceso.

Sin entrar en detalles técnicos (muy hermosos por ciertos), cuando una estrella grande (aquellas con mayor masa) “muere” se le llama “supernova”.

En palabras simples, una supernova es la explosión de una estrella lanzando al universo todo el material que contenía. La explosión produce una especie de “apriete de partículas” (en particular helio e hidrógeno como componentes básicos del cosmos) que, sumado a todos los materiales provenientes de la estrella moribunda, (fierro, carbono, uranio, níquel, hierro, entre otros) darán origen a miles, quizás millones de nuevas estrellas y planetas en muchos años más. Es decir, la muerte de una estrella, una supernova, producirá el nacimiento de mucha, pero muchísima nueva vida. Así trabaja el universo, las supernova son “el combustible” de la creación universal.

 

Un grano de mostaza.

 

“¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó de y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” Lucas 13: 18,19.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto”. Juan 12:24.

 

El grano de trigo, al igual que el grano de mostaza, debe morir para dar mucho fruto ¿Qué quiere decir que le grano “muera”? Claramente en grano “está vivo” en el sentido que si es sembrado y regado producirá el fruto esperado. Entonces ¿por qué Jesús habla de “morir”?

Se refiere a la “naturaleza” de grano. Un grano es en si pequeño y solo uno. Cunado un grano “muere” su naturaleza es trasformada, se convertirá en algo grande donde muchas aves se anidarán y además producirá mucho fruto.

A ese cambio de naturaleza se le llama morir y, en muchos casos puede ser muy, pero muy doloroso (dependiendo cuan apegados a nuestra “naturaleza de grano” estamos).

Pero la comparación que hace Jesús es tremenda. El no solo dice que es necesario tener este cambio de naturaleza para heredar el reino, sino que compara al reino en si con esta transformación. En este caso él mismo es el grano, el Padre es quien lo sembró en la tierra, y con su muerte reconcilió al hombre con Dios y nosotros somos quienes nos anidamos en sus ramas.

 

Niéguese a si mismo.

 

“..si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo ,y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Mateo 16: 24.

 

Un pasaje muy conocido es este. Aquí tenemos a Jesús mismo expresando en concepto central de estas líneas: muerte para dar vida.

Debo “morir” a mis deseos, anhelos y pasiones y seguir a Jesús, pues si pierdo mi vida por su causa hallaré la dicha eterna con él.

Ahora, cuando Jesús dice “todo el que pierda su vida su vida por causa de mí”, no necesariamente se refiere a perecer. Todos los que hemos pasado por un proceso de “muerte” entendemos que es un cambio de naturaleza, a veces muy doloroso, que trasforma nuestra vida, cambia nuestros corazones y nos “renace” para una esperanza viva que llevará mucho fruto.

 

Con Cristo juntamente crucificado.

 

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí..” Gálatas 2:20a.

“..nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él….” Romanos 6:6a.

Pablo nos dice qué está juntamente crucificado con Cristo, pero en la carta de Romanos nos aclara que lo que crucificó no fue cualquier cosa, fue el viejo hombre. Dos cosas importantes desprendemos de aquello. Primero, la crucifixión en sí no es algo sencillo. Al decir que estamos “juntamente crucificados” nos estamos haciendo partícipes de la muerte de Jesús y sus padecimientos.

Segundo, crucificar al viejo hombre representa renunciar o morir a la antigua forma de vivir sin Cristo. Dejar de lado todo, incluso aquello que pudiera ser lo más preciado como nuestro carácter o personalidad. Él nos dará una nueva naturaleza.

 

Un testimonio de muerte para dar vida.

 

Claudio: cojo.

Alberto: el que brilla por su nobleza.

Así se llama mi único hermano, Claudio Alberto, el cojo que brilla por su nobleza.

Claudio tiene 25 años, pero solo de desarrollo físico. El padece de un retardo mental leve y para algunas cosas es un muchacho de 21, para otras un adolescente de 17 y para otras un niño de 10 ú 11 años.

Si bien él es autovalente, debe tomar pastillas a diario y requiere de nuestro apoyo como familia en forma regular.

Claudio, tal como es, no irá a la universidad y probablemente tampoco a un instituto profesional. Con gran esfuerzo aprendió algo de repostería y el próximo año, ya a la edad de 26, terminará cuarto medio que es el final de la escolaridad en mi país. Como familia entendemos que él depende de nosotros para su sustento.

Cuando mis padres se casaron ambos asistían a La Iglesia. Después del matrimonio por razones que dan lo mismo, el corazón de mi madre se empezó a enfriar. Aquello afectó a mi padre quien también poco a poco se fue alejando, pero mantenía una lucha constante.

Mi hermano nació al tercer año de matrimonio (yo ya tenía dos) y su llegada marcó nuestra vida espiritual como familia. La enfermedad de mi hermano cambió por completo la vida de mi madre no solo llevándola de vuelta a Iglesia, sino que con el tiempo convirtiéndola en un poderoso instrumento de Dios, una mujer de fe anhelante de su presencia y que desde pequeños enseñó a sus hijos (nosotros) el temor de Dios y que nada hay fuera de él.

Con mi padre sucedió lo contrario. La enfermedad de mi hermano terminó de cortar el delgado hilo del cual pendía su fe y se apartó de Dios y sus caminos.

Con el tiempo mi hermano y yo nos convertimos de corazón al Señor y a pesar de todas las limitantes que Claudio tiene Dios ha sido fiel y justo para con él bendiciéndole en todo. Él es la persona más dulce y cariñosa que pisa la tierra y pareciera tener un ángel sobre su cabeza, pues a donde quiera que va la gente lo quiere.

Hace algún tiempo atrás Dios habló a través de dos de sus siervos acerca de la situación de mi hermano. Uno de ellos, sin conocer la historia de mi familia, me dijo: “tu hermano es así para que ustedes como familia no se pierdan, sino que crean en el Señor”. Después de escuchar eso me quebranté, pues por primera vez en la vida entendí porque mi hermano sufría de discapacidad. La “muerte” de mi hermano, en el sentido que no pueda realizar una “vida normal”, nos dio vida al resto de la familia. Sin su enfermedad mi familia se hubiese alejado de Dios y, quizás, hoy no caminaríamos con él.

Lo que antes veía como un problema, de pronto se convirtió en el más hermoso motivo por el cual dar gloria y alabanza a Dios: la enfermedad de mi hermano. Como familia en él no vemos a un joven limitado o con discapacidad, sino al maravilloso instrumento que Dios uso para que llegáramos a él.

Cuando mi madre se entregó por completo en las manos de Dios nuestra historia como familia cambió. Ella ha llevado al camino del evangelio a muchos e influido para que hoy casi toda su familia este a los pies de Cristo. Nosotros, sus hijos, hemos seguido fieles a Dios y también hoy comenzamos a dar nuestros primeros frutos al evangelio.

En una oportunidad una hermana de mi Iglesia me compartió que su familia había sido de la “rama histórica” de La Iglesia, pero poco a poco y por distintas razones casi toda su familia se alejó. Hasta que un día falleció el abuelo. Me cuenta que el fallecimiento del padre de la familia provocó tal impacto en la vida de los hijos y nietos que marcó el retorno de buena parte de la familia a los caminos del Señor.

Muerte para dar vida puede sonar fuerte, hasta casi desagradable. Es una frase que, como tal, no está en La Biblia, pero pareciera que toda la creación se mueve a través de ella ¿El lenguaje de Dios para el hombre?, ¿un par de coincidencias?, ¿se da en algunos casos?……., sea el bendito Espíritu Santo, que nos recordará todas las cosas y nos enseñará otras nuevas, revelando a nuestros corazones.

Bendiciones para todo aquel que lee estás páginas.

¡Maranata!


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías