“Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años,……..entonces harás tocar fuertemente la trompeta……os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión…”
Deuteronomio 25:8-10 (extractos)
En las sociedades occidentales modernas se escucha cada vez con mayor frecuencia que “hay que mejorar la distribución del ingreso”. Con regularidad se oye a distintas autoridades y organizaciones internacionales hablar sobre el tema.
Lo que pareciera preocupar al mundo moderno (algunos más que otros) es la brecha cada vez más grande entre los que tienen más y los que tienen menos. Por ejemplo, en Argentina las familias de mayores ingresos reciben entre 25 a 30 veces más que las familias de menores ingresos (comparación entre quintiles), en chile la distancia es de 10 veces y en Brasil, “número 1″ mundial, la brecha es de 32 veces. Pero esto no es solo un fenómeno a nivel de grupos familiares al interior de los países, también sucede con los países en si. Un “país rico” recibe, en promedio, 35 veces más que un “país pobre”. En 1950 la diferencia era “solo” de 16 veces.
Cada vez que hay campaña presidencial en mi país el tema sale a la palestra, ¿qué hará el candidato A o B para mejorar este asunto?, pues parece ser “un problema” o por lo menos “no es bien visto” que unos pocos se hagan cada vez más ricos mientras la gran mayoría continúa igual o mejora poco.
Las ofertas para “mejorar” la situación son variadas y van desde una mayor desregulación de los mercados hasta una activa participación del Estado a través de gravámenes o normas impositivas.
Pero, ¿de qué están hablando en si los candidatos? Concretamente, ¿qué es lo que van a mejorar?, ¿simplemente van a quitar un poco de recursos a los más ricos para redistribuirlos entre los más pobres?, ¿los van a expropiar?, ¿de qué estamos hablando?
Para responder esas preguntas necesitamos conocer algunas definiciones económicas y reflexionar sobre ellas. El presente artículo tiene por primer objetivo dar a conocer cual es la diferencia entre el ingreso y la riqueza ya sea de las personas o pueblos. En segundo lugar hablaremos de la definición de economía o, por lo menos, lo que el grueso de la gente cree que es. Finalmente tocaremos el tema que nos convoca, ¿hubo algo en el corazón de Dios respecto a la manera que deberíamos organizarnos económicamente? Sé que suena raro y, en general, hay poca literatura cristiana respecto del tema, pero, si usted se toma el tiempo y lee estas líneas, estoy seguro que no se decepcionará.
1.1 Ingreso v/s Riqueza.
Podemos definir el ingreso como todo bien material (o susceptible de ser intercambiado por uno) que percibimos por nuestro trabajo o bienes de capital. Por ejemplo, los que trabajamos en forma dependiente, recibimos un sueldo el cual es nuestro ingreso. Para un agricultor, la cosecha representa su ingreso. Para los accionistas de alguna empresa, los dividendos pagados por esta representan sus ingresos y para los dueños de una empresa, las utilidades de la misma son los ingresos. En forma más general podemos decir que el ingreso es todo lo que “entra a nuestro bolsillo” generado por una actividad particular.
La riqueza es lo que genera el ingreso. La riqueza del agricultor es la tierra (que se planta y produce una cosecha que será el ingreso), para los accionista la riqueza son las acciones y para los empresario la riqueza está representa por la empresa en si (la fábrica, la planta, centro de distribución, etc). Para los que trabajamos en forma dependiente, la riqueza somos nosotros mismos. Es nuestro esfuerzo (calificado o no calificado) el que hace que percibamos cada fin de mes una renta.
Entonces podemos ver metafóricamente al ingreso como un río que corre y a la riqueza como un gran lago que permanece en el tiempo. Y estas son, precisamente, las principales características del ingreso y la riqueza. El ingreso fluye o corre (se gasta), mientras que la riqueza permanece para generar nuevos ingresos en el tiempo.
Entonces, ¿qué es lo que se reparte el ingreso o la riqueza? Hasta este punto podemos decir que cualquier cosa. Si no tenemos una estructura que nos defina lo que es “justo” o “deseable” cualquier sociedad o grupo humano puede escoger que hacer con sus bienes. Si yo soy el dueño de una fábrica puedo optar entre repartir las utilidades entre los trabajadores o darle a cada uno un pedazo de la empresa. Si soy agricultor también podría dar a cada trabajador un poco de la cosecha a cada uno o simplemente regalarle un pedazo de tierra para que la cultiven ¿Es una opción mejor qué la otra?,……….depende.
1.2 ¿Qué es la economía?
Una definición “estándar” encontrada en la mayoría de los textos introductorios a economía define “economía” algo así como: “Ciencia que estudia la distribución de los bienes escasos”
¿Le parece razonable la definición?, ¿qué dice realmente esta definición?
Hagamos el siguiente ejercicio teórico: imagine que en una sociedad cualquiera el agua es inagotable, pero para beber de ella es necesario un vaso y solo existe uno el cual es un bien público de libre uso. Todo aquel que quiere agua, simplemente va, coge el vaso y toma (y lo lava…).
Ahora imagine que “alguien” dice: “desde ahora en adelante el vaso se privatiza y pertenece a Juan. Todo aquel que quiera usar el vaso debe pedir autorización a él”. Como Juan es un alma noble estará dispuesto a compartir su vaso por tan solo $100 el sorbo.
¿Qué pasó? Un bien, el vaso, que era de libre uso ahora ya no lo es….., ¿o si? Después de todo, el bien aún es de uso libre………, para el que puede pagarlo.
Entonces, ¿es o no de libre uso? La respuesta es: depende ¿Depende de qué?……, de la definición de economía y en particular de las dos últimas palabras “bienes escasos”.
¿Son los bienes escasos? Sí, estoy preguntando en serio, no es broma. Quizás usted piensa que le estoy tomando el pelo, pues cualquiera que creyera que los bienes no son escasos no tendría problemas económicos y podría tener todo cuanto deseara y, definitivamente, ese no es al caso de la mayoría. Cualquiera de ustedes podrá decir que son una “prueba viva” de lo escaso que son los bienes, pues apenas llegan a fin de mes, rara vez se dan un gusto o simplemente porque les encantaría tener una inmensa casa y un tremendo auto, pero solo deben contentarse con una casita y un pequeño auto.
¿Hay algo más que discutir entonces?, ¿cabe alguna posibilidad que los bienes no sean escasos? Volvamos un momento al vaso del ejemplo. ¿Cómo era el vaso antes de ser privatizado?, ¿escaso?…….., no se apure, piense un momento, ¿y después de privatizarlo?, ¿ahora se hizo escaso?, ….,tómese otro momento.
El vaso nunca ha sido escaso. El vaso es el mismo antes y después de la privatización, sus propiedades son exactamente las mismas. Entonces, ¿qué cambió? He aquí lo grande, lo que cambió fue la propiedad. El vaso privado, idéntico en propiedades y características a su similar público, que ahora es de goce exclusivo de su dueño quien lo comparte con quienes pagan. En consecuencia, todos aquellos que no pueden pagar quedan excluidos del uso y, por ende el bien se hace escaso para ellos.
El bien en sí es el mismo, no ha cambiado en lo absoluto. Es el derecho de propiedad lo que lo hace escaso, pues el vaso sigue estando allí, ¿o no?
Entonces, ¿qué hay detrás de la definición de economía?: La propiedad privada. Es la propiedad privada lo que genera escasez (para quienes no pueden pagar). La definición de economía de más arriba incluye entre líneas la propiedad privada, la cual genera escasez.
¿La economía incluye la propiedad privada? No, pero hay un modelo económico donde la propiedad privada es la base de su sustento. Se trata del modelo capitalista. La definición de economía que colocamos arriba no es la definición de “economía” en general, sino la definición de economía del modelo capitalista que, por ser la predominante, se cree que es absoluta. La economía capitalista pareciera estar esta fundada sobre la escasez de los bienes, pero en realidad se sienta sobre la propiedad privada la cual produce escasez ¿Es la economía capitalista mala? No es el tema que nos convoca esta vez y eso será tema de otro artículo más adelante. Aquí no haremos juicios de valor al respecto y nos limitaremos a trabajar con lo ya dicho, es decir, que el modelo capitalista produce escasez por la propiedad privada en la cual está sustentada y no porque los bienes sean escasos en si.
Bajo un modelo en el cual la propiedad privada es “Ley”, no se puede repartir la riqueza. Recordemos que la riqueza es lo que genera el ingreso, es decir, propiedades, fondos de capital, empresas, etc. Si todas estas cosas son propiedad privada de sus dueños; la tierra tiene dueño, las empresas tiene(n) dueño(s) y los fondos de capital tiene(n) dueño(s); entonces repartir alguno de estos bienes necesariamente implica pasar a llevar la propiedad privada y eso, en el contexto capitalista, es herejía. Es pasar a llevar el sustento mismo de la “economía”. Si los derechos de propiedad nos están debidamente garantizados (y resguardados) la “economía” no puede funcionar.
Bajo este contexto lo único que nos queda por repartir es el ingreso. Elección tras elección en mi país, escucho a los candidatos hablar de este tema: “hay que mejorar las distribución del ingreso”. Ninguno habla de redistribuir la riqueza. Eso sería como negar la ley de Gravitación Universal o que los planetas giran alrededor del Sol. Año tras año economistas y candidatos “echan la culpa” de la gran brecha entre ricos y pobres a distintas razones que van desde la ineficiencia del Estado hasta lo perverso de los mercados, pero ¿cuál es la verdadera razón?, si es que la hay…….
Antes de responder esta pregunta necesitamos introducir el concepto de “eficiencia económica”.
1.3 Eficiencia Económica.
La Eficiencia económica, en el sentido capitalista, puede definirse, en palabras simples, como cuando se alcanza: “aquella posición que, dada nuestras preferencias, siempre nos permita tener más en términos materiales”.
Los que están en contra del capitalismo dirán que es una definición basada en el egoísmo individual y que no refleja la “naturaleza” humana.
Los partidarios del modelo capitalista abogarán porque la maximización del beneficio individual es la condición sine qua non para el progreso de los pueblos.
Indistinto de la posición en que uno esté, hay un hecho concreto que fue anticipado por no pocos destacados economistas en el pasado y ha sido ampliamente comprobado por la evidencia empírica: la eficiencia económica, en el sentido capitalista, producirá concentración de la riqueza.
En mi país, Chile, a fines de los 80’s y principios de los 90’s había muchas cadenas de farmacias, supermercados, multitiendas, bancos, empresas de buses, etc. Hoy en día 3 cadenas farmacéuticas dominan casi todo el mercado, lo mismo que en los supermercados y el resto de muchos otros rubros. Este proceso no es único en mí país y ha sido “la marca” que ha dejado el modelo capitalista en todo lugar. El resto de Latinoamérica es un buen ejemplo de esto y, por supuesto, Estados Unidos su máximo exponente.
¿Por qué se produce la concentración? La respuesta es simple: por eficiencia. Nadie se fusiona por “buenas intenciones” o de “buena onda”. Todos quienes se fusionan es porque perciben un beneficio económico de hacerlo, es decir, ganaran más juntos que separados.
Este proceso de fusiones en busca de la maximización del beneficio traerá consigo la concentración de la riqueza en pocas manos y producirá la conocida brecha entre ricos y pobres.
He aquí uno de los dilemas del modelo capitalista: los mismos incentivos que nos llevaran a la eficiencia económica, son los que crearán la brecha en los ingresos.
Es momento de hacernos una pregunta importante: Si la riqueza (que es lo que produce el ingreso) está “condenada” por el modelo capitalista a concentrarse en pocas manos, ¿hay alguna forma real de impedir que el ingreso también se concentre?, ¿hay alguna forma que todos “agarremos” más de ese ingreso producido por la riqueza que inevitablemente se concentrará?
No hablaremos aquí en profundidad de la respuesta, mas diremos preliminarmente que la respuesta es si, sí se puede mejorar la distribución del ingreso aunque la riqueza esté concentrada en pocos, ¿cómo? A través de los impuestos y políticas fiscales pertinentes.
Puede haber riqueza muy concentrada en pocas manos que generen un gran ingreso, mas, la sociedad, a través del Estado, decide gravar el ingreso (ojo, no la riqueza). Ejemplo de esto es, en Chile, el impuesto a La Renta de Primera Categoría que grava las utilidades de las empresas (la empresa es la riqueza y sus utilidades son el ingreso que generan).
En palabras simples es decir: “ok, no podemos hacer nada para la que la riqueza no se concentre, pero el ingreso que ella genere lo repartiremos entre todos”
¿Cuánto gravamos el ingreso?, ¿un 10%?, ¿20%, ¿50%?, ¿75%?, ¿100%? Después de todo los empresarios, dueños de la riqueza “merecen” la mayor parte de ingreso, pues se “arriesgaron” a trabajarla, ¿o no? El tema queda abierto.
Finalmente concluimos que, en un contexto capitalista, la distribución de la riqueza no es viable dado que atenta contra la definición de economía. Además la concentración de la riqueza no solo es inevitable sino también deseable en este contexto. Por lo tanto, lo único que podemos distribuir es el ingreso.
2.1 ¿Hubo algo en el corazón de Dios respecto a la manera que deberíamos organizarnos económicamente?
El primer gran quiebre entre Dios y las decisiones administrativas o del quehacer diario del pueblo, está en 1ra de Samuel capitulo 8.
El pueblo le pidió a Samuel “rey que los juzgue, como tienen todas las naciones”. Ya mucho antes Moisés les había advertido respecto a este asunto (Deum 17:14-20) y Samuel lo vuelve a hacer (1ra Samuel 8:10-22 en adelante). Pero no hubo caso, el pueblo quería rey y lo tuvieron. Es la primera vez en La Biblia que las decisiones administrativas (entre ellas las económicas) salen de Dios o de su ungido para caer sobre el rey. De todas formas, Dios en su misericordia, promete estar con el rey (ojo, notar la diferencia, ahora Dios “estaría con”, y ya no sería “Dios a través de”) si guarda sus mandamientos y anda en sus caminos.
El segundo, y definitivo, gran quiebre entre Dios y las decisiones administrativas fue miles de años más tarde. En 1748 Charles Louis de Secondant Montisquieu en su conocida obra “Del Espíritu de las Leyes”, sugiere la separación de los poderes del estado (que toma del sistema político inglés, a su vez tomado de los germanos) y finalmente en 1905 Francia sentencia la separación definitiva entre Iglesia y Estado. Francia proclama la separación entre Estado e Iglesia dejando definitivamente fuera todo argumento eclesial de las decisiones del “bienestar de los pueblos” (hay que decir, en todo caso, que la “Iglesia” de aquella época no era precisamente de lo más “santa”). En Chile la separación es “oficial” a partir de las constitución de 1925 (artículo 10) y se ratifica en la de 1980 (artículo 19)
Posteriormente nacieron todas las corrientes económicas que han dominando las naciones hasta la fecha (la economía clásica con Smith, Mill y muchos otros; Marx con el socialismo; Bakunin con sus ideas anárquicas; posteriormente Keynes con sus valiosas variaciones a los clásicos).
Pero, antes que el pueblo escogiera rey, cuando caminaban “según los mandatos del Señor”, ¿cómo ser organizaban económicamente?, ¿hay alguna instrucción bíblica al respecto?
La respuesta es sí. En realidad deberíamos decir SI SI SI, porque La Biblia dice mucho al respecto y sus conclusiones sorprenderán a muchos. Dios no solo estableció un modelo económico para su pueblo, sino que a través de él manifestó todo su amor, gracia y sobre todo un maravilloso sentido de justicia que no dejará indiferente al lector.
2.2 El año del reposo
En los primero 8 versos del capítulo 25 de Levítico (también Éxodo. 23:10-11), Dios establece el año séptimo como año de reposo.
(1) Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:
(2) Habla a los hijos de Israel y diles: cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová.
(3) Seis años sembrarás tu tierra, y seis años pondrás tu viña y recogerás sus frutos.
(4) Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña.
(5) Lo que de suyo nacieren tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra.
(6) Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y tu extranjero que morare contigo;
(7) y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.
Con el reposo del año séptimo Dios constituía una de las revoluciones económicas más impresionantes de la época. Dios estableció que el séptimo año no se trabajaría, ¿se lo puede imaginar? Piénselo un momento: un año entero sin trabajar con todos los gastos pagados, ¿no le suena maravilloso? Todos descansarían. Pero había una condición: ser fieles a Dios y guardar sus mandamientos. Si el pueblo de Dios cumplía con ellos, Dios prometió que el año seis la cosecha sería fabulosa y nadie tendría necesidad el año séptimo.
Del reposo del año séptimo podemos sacar nuestras primeras dos conclusiones. Primero, Dios siempre quiso que la economía del pueblo dependiera de Él. Se los mostró a través del maná, las codornices y el agua en el desierto; y ahora confirmaría su promesa a través de “un milagro económico” cada siete años. Segundo, que es un corolario del primero, Dios no quería que su pueblo se “matara” o “afanará” en el trabajo” como su principal actividad. Sin ir más lejos, a parte del reposo del año séptimo, el pueblo de Israel tenía 77 feriados durante el año todos dedicados a relacionarse con el Señor. Más bien se puede ver que Dios siempre buscó la felicidad del Hombre y una comunión intima con Él (Salmo 25:14).
En el corazón de Dios no estuvo que el hombre “derramará su vida” trabajando por su sustento, sino que, por el contrario, señoreara sobre la creación de Dios y gozara de sus bendiciones. En Génesis 3:17-19 Dios maldice al hombre con el trabajo y desde allí en adelante queda claro que habrá que trabajar duro para el mantenimiento. Pero en ningún caso la maldición decía que el trabajo pasaría a ser nuestra principal actividad de vida y que a ella dedicaríamos lo mejor de nuestros años y vidas. Esto se ha convertido en uno de los engaños más grandes de Satanás para nuestra época.
2.3 El año del Jubileo
En Levítico 25 del verso 8 en adelante se instituye el año del Jubileo, lo que implica y la periodicidad de este. Revisaremos algunos de los versículos de este pasaje para adentrarnos en las muy poderosas consecuencias de este año.
(8) Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
(9) Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.
(10) Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
(11) En el año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciera de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, (12) porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.
(13) En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión.
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(18) Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros; (19) y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con seguridad
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(23) La tierra no se venderá a perpetuidad, por que la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.
Como ya hemos mencionado, Dios estableció una revolución económica para la época: después de seis años, el año séptimo no se trabajaría y Él proveería a su pueblo de sustento. Pero eso no fue todo. Basado en el sistema de “siete veces siete”, Dios estableció el “año del Jubileo”. Este concepto poco mencionado por los predicadores y por momentos ni siquiera conocido por los cristianos, es el fundamento de Dios para la administración económica de su pueblo a través del cual hay justicia y equidad.
Todos sabían que el séptimo año no se trabajaba, ¿se imagina como lo esperaban?, ¿se imagina la tremenda fiesta que hacían?, ¿no la haría usted también? Pues bien, después de “siete veces siete”, es decir, el año cincuenta, sucedía algo impresionante. Ya no era solo dejar de fabricar, sembrar, cosechar y dejar de producir por un año entero. Ahora, además, había que dejar libres a los esclavos, devolver las tierras y ¡hacer una gran fiesta por ello!
¿Lo entendió bien? En un año séptimo común “solamente” no se trabaja y había reposo. Pero ahora, en el Jubileo, debían dejar libres a sus esclavos y devolver la tierra a quien se la compró.
Veamos algunos versos.
(8) Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
Un ciclo de siete veces “algo” es, bíblicamente, un ciclo completo (para detalles ver el artículo “La Biblia y los números del Señor”). Entonces cada 49 años se cumplía “un ciclo completo”, pero, ¿de qué?
Como lo explicamos en la sección anterior, la economía produce la concentración “natural” de la riqueza. Durante 49 años los israelitas comerciaban todos sus bienes y productos de forma más menos similar a como lo hacemos hoy. En aquella época la esclavitud estaba permitida, por lo que también se compraban y vendían esclavos.
Como en todo orden de cosas, era de esperar que “a algunos les vaya mejor que a otros” y el proceso natural es que se empiece a acumular riqueza ¿Cuál era la principal riqueza de época?: la tierra.
A los que les iba mejor comenzaron a comprar tierras, esclavos, mercadería, etc., y a través de esta misma acumular más riqueza.
A los que “no les fue tan bien (por flojera, falta de oportunidades o lo que sea) venden sus tierras y con ello la fuente se su riqueza y empiezan a trabajar como asalariados.
En el caso extremo, a quienes le va muy mal, deben entregar a sus propios hijos como pago de las deudas o a ellos mismos. Es decir, pierden su bien más preciado: su libertad.
¿Hasta cuando dura esto?, ¿es por siempre? No, es tan solo un ciclo, un ciclo de 49 años, porque al año 50……
(9) Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra.
Las trompetas eran el anuncio de algo importante (para más detalles ver el artículo “La fiesta de las trompetas”). Las trompetas llamaban al pueblo a las santas convocatorias (Levítico 23:24), para salir a la guerra (Nehemías 4:20), para juntarse (Números 10:2) y fiestas. Pero este no era un toque cualquiera (en realidad ninguno lo era). La Biblia expresa en esta única parte que “harás tocar fuertemente la trompeta”, no era un toque cualquiera, era un “súper toque”, pues lo que anunciaba era, literalmente, lo que todos estaban esperando, lo que todos querían vivir, lo que todos anhelaban, lo que el pueblo por largos 49 años esperaba: el jubileo.
(10) Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
Este es un versiculazo. Si bien en todo el capitulo descansan las bases económicas que Dios entregó a su pueblo, este verso contiene la idea principal.
Lo primero que hay que decir es que el año cincuenta era un año santo. Un año apartado y dedicado exclusivamente para lo que el Señor había dispuesto, ¿y qué dispuso el Señor?. Jubileo, quiere decir, gozo, dicha, alegría. El Señor dispuso que cada 50 años se celebrara una ¡gran fiesta! Y que duraría ni más ni menos que un año entero, ¿¡qué le parece!?
Tan pronto sonaba la trompeta y se declaraba el año del Jubileo había que hacer tres cosas. Lo primero era “pregonar libertad en la tierra a todos sus moradores” Todos los esclavos eran dejados en libertad. Miles de persona sabían que tan pronto sonara la trompeta serían libres. El bien más preciado de una persona es su libertad y eso se anunciaba tan pronto llegaba el Jubileo ¿Se lo puede imaginar por un instante? Si usted fuera el esclavo y sabe que el Jubileo “ya viene”, ¿no lo esperaría?, ¿no tendría las paredes rayadas con los días que faltan?, ¿no daría un gran grito y lloraría al escuchar ese maravilloso toque fuerte de trompeta?, ¿olvidaría alguna vez ese sonido?, ¿no saldría por las calles y gritaría: ¡soy libre!, ¡soy libre!, ¡soy libre!, hasta quedar sin voz?
Lo más probable es que todo lo anterior haya sido así y mucho más, pero no era todo. No me cabe duda que con la libertad ya muchos quedaban con dicha suficiente para el resto de sus vidas, pero el Jubileo traía más, mucho más.
Segundo, “y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia”. Que cada uno volviera “a su familia” no es tan difícil de imaginar y, a grosso modo, podemos resumirlo como una gran reunión de toda la familia. Pero volver a la “posesión” ¿Cuál posesión? Pensemos en un esclavo que es dejado en libertad, ¿qué posesión tiene más que su propia libertad recién recibida?
Para entender esto es necesario retroceder un poco en historia. El pueblo de Israel fue por muchos años esclavo en Egipto y cargado con dura servidumbre. Dios, con mano poderosa y muchos milagros, los sacó de allí y les prometió una tierra donde fluiría leche y miel. El libro de Éxodo relata la salida de del pueblo de Israel de Egipto y, posteriormente, el Libro de Josué relata como Israel conquistó la tierra prometida. Pues bien, en los capítulos 14 al 20 de Josué se relata como se les repartió la heredad a las 12 tribus que conformaban el pueblo de Israel, y como esta tierra vino a ser por posesión de dichas familias. Por lo tanto, cuando hablamos de que cada uno vuelva su posesión, estamos diciendo que, según la tribu a la cual cada israelita pertenecía, debía volver en el año del Jubileo a su tierra.
Pero, ¿a qué volvía a su tierra? ¿A juntarse con su familia y hacer una gran fiesta con ellos?, ¿a visitarla para ver de dónde salió?
No. Cada uno volvía a su posesión a tomar domino de ella. Quien quiera que fuera que tuviera el derecho de propiedad sobre la tierra en el año del jubileo, debía devolverla a los dueños originales que la recibieron por heredad ¿Es justo eso? Lo discutiremos un poco más adelante, pero por ahora diremos que Dios siempre dejó claro que tierra era de de SU propiedad.
(11) En el año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo que naciera de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, (12) porque es jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.
Y tercero, en el año del Jubileo, al igual que en el año del reposo, no se trabajaría y se viviría de la dependencia absoluta a Dios.
¿Puede ver la tremenda fiesta?, ¿puede imaginar a las personas corriendo por las calles gritando libertad, abrazándose, danzando y saltando llena de gozo? Que tremendo banquete debe haber sido. Después de tanto tiempo, el esclavo es libre, la tierra vuelve a hacer distribuida, no se debe trabajar ese año, una nueva oportunidad de hacer las cosas bien es entregada.
En resumen, en el año del Jubileo se obtenía libertad de la esclavitud, restitución de la tierra y reposo a través de la obediencia completa a Dios.
2.4 El jubileo y la justicia: ¿esto es justicia, juicio y equidad? (colocar proverbio)
Sí.
Realice por un instante el siguiente ejercicio teórico. Durante su vida usted acumula muchos bienes y riquezas a través de trabajo duro, sacrificado y honesto. Se da cuenta que el día de su muerte esta cerca, por lo que llama a sus hijos para darles su herencia.
Pero de pronto aparece “alguien” y le dice: “lo sentimos mucho”, sus hijos no pueden heredar sus bienes, pues serán confiscados por el Estado y repartidos a los pobres”.
¿Qué le parece?, ¿justo? La mayoría de usted estarán pensando con indignación si se trata de una broma e incluso, quizás, no reaccionarían de la mejor manera ¿Qué se imaginan que son?, ¿acaso el esfuerzo de tantos años no vale de nada?, ¿por qué no le puedo dejar mi herencia a quien me plazca?
Pues bien, lo que sucede en el año del jubileo es algo parecido.
Pongámonos por un instante en la vereda opuesta de los que gozan el jubileo. Ya hemos visto y descrito que aquellos que eran esclavos no solo reciben libertad, sino que además tierra y, con ella, trabajo. Pero, ¿qué pasaba con aquellos que tenían que entregar la tierra?, ¿debían darla gratis y sin chistar?
La respuesta es sí. Tenían que devolver la tierra a quienes les correspondía por herencia.
Alguien podrá decir que es injusto, pues si los herederos la despilfarraron y vendieron a otros más diligentes y esforzados, ¿por qué habrían de devolverla? Además, en un caso extremo (pero para nada aislado), quienes no valoraron su herencia perdieron no solo sus tierras sino su bien más preciado: la libertad, vendiendo sus hijos y a ellos mismo en esclavitud. Entonces, ¿por qué devolverle tanto bien a esta gente?
Por dos razones. Primero, lo que se devuelve es la tierra en si, no lo que está sobre ella o el fruto que esta ha dado. Es decir, por todos los años anteriores al jubileo, quien compró la tierra hizo gozo de ella y se puedo enriquecer y acumular bienes con lo que esta le dio. Todo aquello se lo podía llevar. Animales, fruto, trabajadores y su ganancia se iban con él. En otras palabras, lo “único” que devolvía era la tierra.
¿Qué es la tierra?, ¿qué representa?, pues ¿algo de importancia debe tener para que Dios haya puesto allí su acento y no en los bienes que esta generaba?
Como vimos en la primera sección, la Riqueza es lo que genera el ingreso. Hoy en día eso puede estar representado por una empresa que produce utilidades, una cuenta de ahorro que da intereses o mi propia capacidad que produce ingresos. Pero, ¿cuál era la riqueza en los tiempos del antiguo testamento? Una que todavía lo sigue vigente por cierto: la tierra. La tierra era prácticamente la única fuente de Riqueza de la época (como ente generador de ingresos) y poseerla representaba prosperidad.
He aquí una conclusión gignate: Dios permitía la concentración de la Riqueza, pero por un tiempo acotado ¿Cuánto?: una generación. Si mis padres fueron negligentes y perdieron la tierra de nuestra heredad y, más aún, la propia libertad de la familia, eso no sería por siempre. “Algún día”, que en el peor de los casos serían 49 años, cada uno tendría su oportunidad de un nuevo comienzo con las herramientas mínimas necesarias para prosperar: libertad, riqueza y reposo.
¿Por qué no había que entregar lo que produjo la tierra o una parte de ello? Porque eso era el ingreso producto de la tierra y, en el concepto bíblico, es la justa retribución por el uso de ella.
He aquí una segunda gran conclusión: El premio que tenían lo diligentes por hacer bien las cosas era ingreso, no riqueza. Ellos se podían llevar todo el fruto de la tierra que usufructuaron hasta antes del jubileo, pero la Riqueza es de Dios como lo establece el versículo 23:
(23) La tierra no se venderá a perpetuidad, por que la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo.
La tierra no se venderá a perpetuidad, pues es de Dios ¡Esto es asombroso! En la actualidad la mayor principal causa de la mala distribución del ingreso en el mundo en general y en Chile en particular no es, como muchos creen, la capacidad emprendedora, el espíritu empresarial u otros, sino que la concentración de la Riqueza. Es la concentración de la propiedad en manos de unos pocos la principal causa de la mala distribución del ingreso que enfrenta el planeta, con zonas de gran prosperidad en contraste con otras de pobreza extrema.
El modelo económico basado en el año del Jubileo no permitía la concentración eterna de la riqueza y para que no hubieses discusión sobre el asunto Dios mismo se adjudicó la propiedad de esta. Cuanta sabiduría hay aquí. Durante los siglos venideros, y hasta hoy en día, ha habido miles de guerras por el control de la tierra. Con el tiempo, aparecieron otras fuentes de Riqueza que también han sido (y son) fuentes de conflictos permanentes. Dios nunca quiso que así fuese.
Al establecer la tierra como SU propiedad Él estaba eliminando todo tipo de fuente de conflicto futuro por la posesión de esta. Dios pretendía que la prosperidad del pueblo estuviera centrada en su fidelidad y obediencia a Él, no en la propiedad y control de las Riquezas. Que distinto es hoy en día.
Si nos volvemos a la promesa original de Dios a su pueblo en Éxodo 3:8, vemos que allí Dios promete “una tierra buena y ancha… que fluye leche y miel”. Él se encargaría de proveer la riqueza. Los israelitas solo debían trabajarla. Si miramos más atrás, en Génesis 2:15, la idea es la misma, dice: “tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardara”. Dios nos mandó labrar y guardar SU riqueza
En conclusión, Dios, al establecer un modelo económico basado en la regla del año de Jubileo y la imposibilidad de comprar la tierra a perpetuidad , consigue dos cosas tremendas:
- La concentración de la riqueza estaba acotada a períodos máximos de 50 años. Al cabo de estos, tanto la riqueza material (la tierra) como la personal (no más esclavitud) volvían a su dueño original.
- Todo tenían, por lo menos, una oportunidad en la vida de “hacer las cosas bien” con las herramientas mínimas para su subsistencia y la de su familia. Estás herramientas eran tierra, libertad y reposo.
Dios quiere que nuestra prosperidad depende de Él, no de las Riquezas.
2.5 Jesús y el Jubileo.
El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.
Lucas 4:18,19.
Jesús, al comenzar su ministerio, lee este hermoso pasaje del libro de Isaías. Se podría decir, él mismo lo confirma, que en estas líneas se resume lo que será su ministerio y vida que finalmente nos reconciliaría con el Padre.
Cada frase en este pasaje es una parte clave de la vida y ministerio de Cristo que se van cumpliendo una a una a través de su andar. En los evangelios hay abundantes ejemplos de Jesús sanado, dando vista, poniendo en libertad a cautivos y mostrando que el Espíritu del Señor está sobre él. No obstante, nos concentráramos solo en una de esas frases: “A predicar el año agradable del Señor”
¿Qué quiere decir? No es difícil comprender (y leer) que Jesús predicará las buenas nuevas, que sanará enfermos, devolverá las vista a los ciegos, etc, pero “predicar el año agradable”, ¿a qué se refiere? El término no está en ninguna otra parte de La Biblia, el ministerio de Jesús duró algo más de tres años y su vida alrededor de 33, entonces, ¿de qué estamos hablando?
La mayoría de las interpretaciones bíblicas van por el lado de que él vino a “anunciar las buenas nuevas” (de allí la palabra “evangelios”). De lo anterior no tengo duda y creo que es correcto, pero si fuera “solo eso” pienso que Lucas terminaría diciendo que vino a “predicar lo agradable del Señor”
¿Por qué el año agradable del Señor? Volvamos por un instante a la época del Antiguo Testamento. Ahora pensemos que estamos en el año del Jubileo, el cual ya está por terminar. Usted ha recibido su tierra, obtenido su libertar, vive junto a familia en el reposo y la cosecha está por salir, la cual, por vez primera será para usted y los suyos……, ¿no suena maravilloso?, ¿no es esto agradable?, ¿no le gustaría que ese año fuera eterno?, ¿puede haber algo mejor?
Jesús es el jubileo. La alusión al “año agradable” no puede ser otra cosa que el año del jubileo. Pero esta vez “el regalo” es distinto. Como dijimos antes, durante el Jubileo se obtenían tres cosos principales: riqueza (recuperar la heredad), libertad (de la esclavitud) y reposo. Pero en los tiempos de Jesús eso hubiese sonodo “ridículo”, pues Israel era una provincia más del imperio romano. Ya no hay tierra que repartir, pues son colonia del imperio romano; ya no hay libertad que ganar, pues son esclavos de los mismos romanos a los cuales pagan tributo; y tampoco hay ningún reposo, pues las condiciones las colocan los invasores.
Entonces, ¿de qué año agradable (o Jubileo) me están hablando? Jesús es el año agradable Pero él no repartiría “riqueza” terrenal o heredades comunes, él nos daría una “nueva riqueza”: la vida eterna (Juan 14:2-3); su libertad no era restaurar el reino y expulsar a los romanos como algunos pretendían (colocar cita), él nos libraría del pecado y la muerte; él no restauraría el reposo cada siete años como estaba en La Ley, sino que invita a un “reposo completo”, como el de Dios mismo, a los que creen en él (Hebreos 4:9-10)
La sangre derramada por Jesús en la cruz nos dio riqueza eterna, nos independizó del pecado y nos invita a un reposo completo. Aquella sangre es la firma de que en Jesús tenemos un jubileo permanente. Ya no tenemos que esperar 49 años para gozarnos en la fiesta del Jubileo, el gozo del Jubileo está al alcance de todos los que creen en el Señor Jesús como su Salvador, ¡aleluya!
3.0 Palabras finales.
Antes que todo, Dios le bendiga por tomarse el tiempo y leer estas líneas. Estoy cierto que si medita y reflexiona en ellas, encontrará un rhema del Señor a su vida.
Si bien en este artículo hay varias definiciones económicas, la idea principal no se puede perder: Jesucristo es el Jubileo, y como tal, los que creemos en él podemos gozar de todos sus beneficios tanto económicos como espirituales.
Nunca estuvo en el corazón de Dios que el hombre se destruyera trabajando para su sustento, todo lo contrario. Se puede ver en Las Escritures que Dios proveyó al hombre de toda Riqueza para su mantenimiento. Y no para cualquier mantenimiento, sino para uno en abundancia. Dios quería que nuestra dependencia estuviera puesta en él y, como muestra de esa dependencia, él nos daría abundante bendición material y reposo para nuestras vidas.
No hay razón lógica para tomarse un año libre, no trabajar y más aún suponer que “de la nada” la tierra produciría más el año sexto. Es cierto, no hay razón lógica, pues es un milagro. En otras palabras, lo que Dios esperaba de su pueblo era que le creyeran y obedecieran, y el haría un “milagro de sustento en abundancia” cada siete años
¿En favor de quién sería ese milagro?: del Hombre. El pueblo disfrutaría de un año completo de sustento y vida sin trabajo por un año con solo creer y obedecer.
Cuando el pueblo pecó quebró este milagro y Dios los entregó a su suerte. Las consecuencias del pecado están en toda La Biblia. El pueblo fue entregado a esclavitud, su tierra fue conquistada y ya no tuvieron más reposo alguno. Todas las maldiciones descritas en Deuteronomio 28 se cumplieron.
En ese contexto de desazón absoluta Jesús dice: “he venido a predicar el año agradable del Señor…..hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Jesús vino a restaurar no solo los privilegios del año del Jubileo, sino a darnos un nuevo y mejor pacto. Este pacto sería un Jubileo permanente, ya no es necesario esperar 49 años, pues en él tenemos libertad total a la esclavitud, la promesa de Riqueza eterna y reposo.
El nuevo pacto y el Jubileo permanente también están presentes hoy para todos quienes hemos reconocido a Jesús como nuestro Señor y Salvador. Como herederos legítimos de las promesas divinas podemos clamar a Dios por ellas y, ciertamente, él responderá.
Hoy, a través de Jesús, podemos ser libres de toda “esclavitud moderna” que sintamos (trabajo, familia, angustia); a él podemos clamar por “nuestra heredad” que representa el sustento económico; y también podemos pedir su reposo y descanso si vivimos obedientes a sus promesas.
Amigo(a), hermano(a), que has leído estas páginas: ¡las bendiciones del Jubileo son maravillosas y están disponibles hoy para ti a través de Jesús, pues él mismo es el Jubileo.
¡Maranata!