El 12 de diciembre de 2008 se confirmaba la noticia que se rumoreó la tarde anterior. El técnico de Cobreloa, Marco Antonio, “el fantasma”, Figueroa, rechazaba la oferta del club para firmar por la UC que le había ofrecido un contrato superior.
Esa noticia me dolió. Sentí pena y hasta un poco de enojo. Figueroa como futbolista realizó excelentes campañas por el club, siendo, si mal no recuerdo, campeón el ‘98 y goleador del campeonato. Fue traspasado a México donde también le fue bien. Cuando llegó como técnico a mí me gustó la decisión. Había seguido a uno de sus equipos en México (Morelia) y su gusto por jugar “para adelante” satisfacía mi paladar futbolístico.
Asumió el equipo en una situación crítica, por poca plata, sin ser la primera opción y más encima por poco tiempo. Esta claro que no le tenían mucha fe. Llegó con una misión clara: que el equipo zafara del descenso que, aunque suene triste, por primera vez en la historia se estaba comprometido.
Con el correr de los partidos se notó su estilo. Directo, agresivo y polémico, le imprimó al equipo la actitud necesaria para cambiar los malos resultados obtenidos hasta la fecha. Ganó todos sus partidos como local y rescató no pocos puntos como visita. No obstante zafar del descenso fue dramático, pues hubo que esperar hasta la última fecha a cinco minutos del final de partido para lograrlo. Por esas cosas de la mecánica del sistema de campeonato, después de estar a cinco minutos del descenso, se pasó a un repechaje para los play offs que disputa el campeonato.
El equipo venía en alza y eso fue puro merito del entrenador que hizo jugar bien a un grupo de jugadores muy discretos. Y es, precisamente en eso, que se ve a un buen entrenador: formar un equipo más allá de las individualidades. Como la mayoría sabe, el Cobreloa de Figueroa llegó hasta semifinales y, sino hubiese sido por dos polémicos goles en dicha instancia, quizás, otra sería la historia…
Pero no vengo a hablar de eso. Figueroa se merece mi respeto como técnico y como, hasta entonces, hincha del club, mi agradecimiento por lo que mostró el equipo bajo su dirección.
Mi tema hoy es, ¿por qué me da pena esto?, ¿por qué “sufro” con las derrotas y vibro con los triunfos de “mí” equipo?, ¿por qué me importa que se vaya un técnico, qué un jugador se pierda un penal o que el equipo no tenga plata? Sé que desde la perspectiva psicológica y sociológica hay explicaciones y, por cierto, bastante interesantes. Pero hoy no me centraré en ellas.
El punto es que me cansé. Si, así de simple. Y no se trata de una frustración porque se vaya un técnico o pierda “mi” equipo. Es todo.
Me es difícil entender el lucro desmesurado que mueve la actividad. Se vendieron los goles (nunca más los vi desde que los muestra un solo canal), se privatizaron los equipos, se vende a lo mejores y los pocos que quedan se van tan pronto pueden.
Ya no interesa la “camiseta” que representan o a la gente que la respalda ¿No hay valores o culturas asociadas a cada institución?, ¿no es cada equipo una “forma asociada” de vida intrínseca de la zona? Claro que no, al privatizar la actividad los clubes funcionan como cualquier empresa y, en ese sentido, con un solo fin: maximización de beneficios.
¿Es ese el fin del deporte y en particular el fútbol?, ¿no es más bien el fútbol un factor de cohesión social y el deporte y su desarrollo parte de la actividad humana?
El cuadro “minero”, “porteño”, “de colonia”, “popular”, “salmonero”, etc, ¿no los representa un sentir regional, zonal o cultural?, ¿no son estos nombres espejo de las condiciones socio-culturales de dichas culturas?
Creo, espero equivocarme, que ya no lo son más, y hoy son simplemente un negocio… “si usted es minero entonces compre esto o contrate esto otro…”
En ese sentido se entiende (y hasta se justifica) la acción de dirigentes, representantes y jugadores por el lucro. Se dieron cuenta que nuestra identidad es bastante rentable y nos la están esquilmando. Pero no solo el bolsillo, sino también los sentimientos.
Es por eso que hoy renuncio a ser hincha de Cobreloa. No tengo nada contra del club en si y mucho menos contra su gente o valores (por los cuales sigo teniendo un gran aprecio). Todo lo contrario, son esos valores, en especial el trabajo duro y exigente, los que me inspiraron a ser hincha del club. Lamentablemente hoy solo queda un negocio al cual no estoy dispuesto a dar dinero y mucho menos mi energía y pensamientos.
Renunció a sufrir por tipos que no corren, pero que si cobran a fin de mes; renunció a sufrir por dirigentes que han vivido a costillas del club; renunció a sufrir por ver goles en un canal y hora específica; renunció a sufrir por triunfos que nunca llegan……………., renuncio a sufrir por quienes han hecho de un hermoso deporte un negocio y quieren lucrar de valores y principios que solo están en los souveniers del club.
Desde ahora seré “hincha del buen fútbol”. Seguiré jugando (aunque no soy bueno) este deporte y gritaré más mis goles y los de mi equipo. Viviré con mayor intensidad cada vez que tenga el balón y me esforzaré más por hacerlo bien. Me apuraré por llegar temprano a jugar y no tanto en ver un partido. Organizaré más “comilonas” después de jugar un partido que juntas para ver uno.
Lejos de los representantes, dirigentes, estadios, TV, grandes contratos y danza de millones, simplemente soñaré, jugaré e hincharé por “el buen fútbol…..¡el fútbol del gueno!”