Posteado por: pablo | Abril 7, 2009

Y Jesús lanzó la piedra…

Una reflexión acerca del amor, los fariseos, los legalistas, los neofariseos y los neolegalistas…

 

“Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: Dadme una piedra, que yo seré el primero en arrojarla. Y Jesús lanzó la piedra y todos siguieron su ejemplo”. 

¿Juan 8:7?

 

No, no dice así el texto de Juan 8:7…. gracias a Dios. Este es uno de los episodios bíblicos que más me estremece, lo encuentro maravilloso.

¿Ha pensado alguna vez que hubiese pasado si Jesús tomaba la piedra y la lanzaba? Después de todo él podría haber pensado: “está escrito en la Ley, y yo vine para cumplirla” ¿Hubiese cambiado en algo la historia de Jesús si tomaba dicha decisión? (suponiendo que después todo lo demás sigue igual, es crucificado y resucita para darnos vida), ¿hay algún cambio?

Si aquello hubiese acontecido, seguramente al enseñar esta historia ya no diríamos “y Jesús tuvo misericordia”, sino que hablaríamos de las nefastas consecuencias del pecado, lo terrible que es desobedecer, que el pecado siempre saldrá a la luz y que nadie que peque quedará sin castigo, si que más nos vale portarnos bien.

 

Pero, ¿se pierde algo del mensaje de la salvación?, ¿acaso Jesús no triunfa sobre el pecado y restaura nuestra relación con el Padre?, ¿se invalida una gota de su preciosa sangre? No, nada de eso ocurre. Todo quedaría igual, el plan redentor, su gloria, la eternidad y todas las hermosas promesas siguen en pie. He aquí lo maravilloso.

Jesús pudo haber lanzado la piedra y quedar bien con todos los que allí estaban, mas no lo hizo. Pero no solo no lanzó la piedra, sino que tampoco quebró la ley.

En múltiples ocasiones me he imaginado este evento. Allí estaban los fariseos, los escribas y cuanto legalista de turno anduviese cerca. Querían probar a Jesús y no perderían oportunidad de hacerlo. Después de varios intentos fallidos, parecía que habían encontrado la emboscada perfecta: una mujer sorprendida en pleno acto de adulterio, para lo cual la ley no daba dos interpretaciones, debía morir apedreada. A ojos de los legalistas Jesús parecía acorralado, o avalaba el lanzamiento de piedras o se ponía al margen de la ley que él mismo dijo que venía a cumplir.

Todos los ojos estaban puestos en él. Un dulce morbo y sentimiento de autocomplacencia iba en aumento en los escribas y fariseos al notar que Jesús se tardaba en responder, claramente, creían ellos, no sabía que decirles. Por fin habían encontrado una ocasión precisa para tentarle, pues, o aplicaba todo el rigor de La Ley, o se ponía bajo ella.

¿Qué habrá estado pensado Jesús mientras escribía en el piso?, ¿qué habrá estado escribiendo? A veces pienso que el legalismo y falso amor de los escribas y fariseos, encubierto por erróneas interpretaciones de la ley, lo tenían abrumado. Es como si no pudiera creer que fueran así. Me imagino a Jesús pensando en esos momentos:”¿estarán hablando en serio?, ¿es qué no tienen nada de amor?, ¿es posible que hayan entendido tan mal la ley?, ¿es que no tienen nada de misericordia?, ¿es qué no ven que el propósito de Dios es dar vida y no muerte?”

Sabía perfectamente lo que ellos querían, pero ellos no tenían idea lo que Él quería. Jesús tenía claro que nada en su ministerio cambiaría si esa mujer era apedreada, incluso parecía una oportunidad inmejorable para congraciarse con sus críticos y detractores.

Se puso de pie, ni siquiera los miró. Pero al abrir su boca la sentencia sobre ellos ya estaba determinada: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”.

Es un momento estremecedor. Los rostros que hace un instante estaban llenos de expectación, morbo y condenación comienzan rápidamente a languidecer. Esas sonrisas malévolas son reemplazadas por un extraño sentimiento de culpabilidad. Los recuerdos vienen a la mente y los pensamientos empiezan a jugar una mala pasada trayendo “justo” a la memoria esos pecados ocultos y desvergonzados. A medida que los pensamientos pasan, la mirada se empieza a nublar y el cuerpo entero se adormece. La propia humanidad se comienza a sentir terriblemente pesada, las piedras que sostienen sus manos ahora pesan toneladas ¡Plaf!…., cae la primera piedra…., ¡plaf!, ¡plaf!, ¡plaf!, la segunda, tercera…todas. Ya no habrá apedreamiento y al parecer tampoco habrá alguien que reclame que la ley no se cumplió.

Él le habla y le dice: “¿dónde están los que te acusaban?, ¿ninguno te condenó?” Pero la verdad es que dice mucho más que eso. En realidad dice: “¿vieron lo qué pasa cuando se aplica la ley sin amor?, yo estoy sobre La Ley. La ley sin amor y misericordia es muerta, yo soy el amor y la misericordia en la cual La Ley toma vida”. “Ni yo te condeno”, fue lo último que se le oyó decir.

 

La Iglesia, el amor, el neolegalismo y el neofariseísmo.

 

¿Es posible imaginar estos hechos en nuestras Iglesias hoy en día? De seguro la mayoría de quienes leen esto me diría que no, pues hoy “su amor y misericordia” nos cubre.

Lamentablemente me he topado con no pocas ocasiones donde he visto como “lanzamos la piedras” y “condenamos” a nuestros hermanos o discípulos.

La excelencia y el sometimiento son dos conceptos que están muy de moda en el mundo evangélico de hoy y nada tengo contra ellos pues son tan ciertos como bíblicos. Mas, cuidado. Cuando la excelencia y la obediencia (o cualquier otra cosa) son hechas sin amor, estamos lanzando la piedra y convirtiéndonos en legalistas.

Pongo especial énfasis en el la excelencia y la obediencia, pues, no sin dolor, he visto vidas perderse porque les hacen sentir que su entrega a Dios no es de excelencia o que no se someten a la autoridad de Dios, por lo tanto son pecadores e indignos. He visto hermanos castigados y sometidos a disciplina por llegar cinco minutos tardes a un ensayo, faltar a un culto, no avisar que faltará o hacer algo por adelantado. Esto ha causado profundas heridas en varios de ellos que, con tristeza, hemos visto partir de La Iglesia a unos y retrasar el crecimiento a otros. Después, al preguntarnos qué paso, nos respondemos un autocomplaciente: “es que estaba fuera de orden” o un tranquilizador “es que nunca conoció a Dios de verdad”. Puede que esas frases sean verdad, no es el punto.

¿Es valido corregir y castigar a quienes no hacen las cosas con excelencia y no son obedientes? Categóricamente diré si. Y como no, si La Biblia así lo enseñas. El punto central es: ¿son la excelencia y la obediencia determinantes de si mi vida está en pecado? Supongamos por un instante que si, entonces, ¿será la disciplina y el castigo lo que quitará el pecado? Una rápida y descuidada pasada por el antiguo testamento podría indicar que si, pero no fue ese el mensaje de Jesús para el mundo.

Hermanos amados, Dios es amor y su amor es lo que nos tiene vivos hoy. Tendremos excelencia y seremos obedientes (y muchas otras cosas más) cuando amemos. La excelencia, la obediencia y TODO lo demás, es CONCECUENCIA del amor y no al revés. Porque amamos a Dios llegamos a la hora, no faltamos a ensayo, damos lo mejor de nosotros y obedecemos aunque en ocasiones nos pueda parecer desquiciado. El amor es lo que nos mueve, ¡El amor por Jesús!, nuestro salvador. Y ese fue el gran mensaje de Jesús al no lanzar la piedra y a la vez respetar La Ley. El amaba a esa mujer (no al pecado que había en ella) y deseaba salvar su alma, no condenarla. Se han preguntado alguna vez como habrá sido la vida de esa mujer después de ese encuentro con Jesús. La mayoría de los entendidos bíblicos señalan que siguió a Jesús hasta su muerte, es decir, ¡se salvó!

Si trabajamos la excelencia, la obediencia (o cualquier cosa) sin amor, entonces somos legalistas. Y el ser legalista produce carga, cansancio, enojo y muchas decepciones. La gente siguió a Jesús porque él les mostró que los amaba, no porque las instrucciones que daba eran grandiosas, de hecho, muchas veces las ordenes de Jesús no las entendía nadie, pero sus discípulos sabían que él haría algo.

Muchos pastores y líderes “luchan” con su gente y se quejan que les falta compromiso o que no hacen las cosas bien. Otros no tienen empacho en castigar a su gente por no llegar a la hora o “echar una talla” durante el ensayo. Amados, ENSÉÑELES A AMAR y nunca más tendrá que preocuparse si son o no excelentes y obedientes. Los que hemos conocido el verdadero amor del Señor (pues él nos amó primero), no concebimos otra forma de vida que no sea la de darle lo mejor a él y guardar sus mandamientos. Y no lo hacemos porque nos mande el pastor, el líder o quien sea, lo hacemos porque amamos primeramente al Señor con todas nuestras fuerzas. Personalmente muchas veces no he estado de acuerdo en lo que dicen o hacen mis líderes, pero, ¿no les haré caso entonces? ¡Claro que sí lo haré! Lo haré porque amo al Señor y por añadidura a quien él ha puesto para dirigir y levantar su ministerio. No solo le obedezco, sino que oro por él/ella, su familia y por lo que Señor hará con su vida.

Amados, si están cansados de la falta de compromiso de las personas o que cuando hacen algo pareciera que lo hacen por cumplir…. ¡no le tire más piedras! Enséñeles a amar a Dios y notará la diferencia. Quizás usted pueda argumentar que en su Iglesia abunda el pecado, por lo que la disciplina es indispensable. No olvide que la mujer del relato bíblico era pecadora y ni aún así Jesús la condenó, por el contrario, la amó. El amor cubrirá multitud de pecados (1ra de Pedro 4:8). Enséñeles a amar y lo seguirán hasta la muerte. El relato bíblico muestra evidencia que aquella mujer siguió a Jesús hasta su muerte y de seguro participó con los primeros creyentes después del ascenso de Jesús ¿Por qué lo hizo?, ¿por qué Jesús le leyó un manual?, ¡NO! Lo siguió porque él la amó primero, el amor hará que te sigan, y que te sigan hasta el final.

El que ama se compromete, no olvide eso. El amor es la máxima expresión del cristiano. 2da de Pedro 1:5-7 dice: “añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, domino propio; al domino propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” ¡El amor es lo más grande! Cristianos que amen, son cristianos con fe, virtuosos, que estudian La Palabra, que ejercitan la misericordia, que son pacientes para esperar en Dios, que se aman los unos a otros y mucho, mucho, mucho más. Pedro también dice, “el amor cubrirá multitud de pecados” y Pablo en su hermoso mensaje de 1ra de Corintios 13 nos deja claro que podemos ser grandes profetas, hacer milagros y señales, mas sin amor….nada vale.

Amados, vivan por su amor, trasmitan su amor, enseñe su amor a la congregación. Pastores, líderes, si su Iglesia ama, aunque usted los quiera lejos, el compromiso será tal que no se podrá sacar a su gente de encima.

Amados, que el amor nos mueva, porque si el amor nos mueve, ¡Dios nos mueve!


Respuestas

  1. No deje de escribir… paso a paso recuperando lo perdido


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